2010
08.25

Rodolfo Serrano

Si eres un amante de la buena poesía, no puedes dejar de visitar el blog de Rodolfo Serrano. Puede que su nombre te suene de haberlo visto en algún sitio, y probablemente no te equivocarías. Puede que incluso, alguna vez, hayas escuchado alguna poesía suya convertida en canción.

2010
08.15

Autodestrucción

Me pregunto si esto es lo que sentirá el mensaje secreto cuando comienza la cuenta atrás para su autodestrucción…

2010
08.13

Abrazos epistolares

A veces siento la necesidad de escribirme cartas. Quizás para recordarme algo, para darme ánimos en tiempos difíciles,… o quizás simplemente para mantenerme fiel a mi misma. Es una extraña ccostumbre la de esconder cartas en sitios recurrentes para encontrarlas en el futuro. A veces son tan simples como una moneda para comprarme un capricho.

Pero la carta que más deseo escribirme es la única carta que jamás podré enviarme. Una breve nota a mi yo del pasado, de mi más tierna infancia:

“Tienes razón. En todo lo que te están haciendo dudar. Sé fuerte.”

2010
08.04

Entra dando un portazo. Llevo esperando este momento mucho tiempo. Supongo que lo llevo esperando desde aquel día de la catástrofe, cuando todo lo que conocíamos desapareció. Cuando tuve que hacerme cargo de aquel grupo de niños que no son capaces de recordar nada antes del incidente.

Está parado delante de mi, respirando agitadamente. Sé que los demás están esperando detrás de la puerta. Es sólo el portavoz. El que llevará el liderazgo cuando yo ya no esté al mando. El que cuando termine esta conversación saldrá ahí fuera a ser aclamado y respetado por los demás.

-Lo sabemos. Hicimos lo que nos dijiste de leer e informarnos sobre la vida antes del incidente. Coger todo lo bueno y reinventar lo malo. Y lo hemos averiguado todo.

Se ha convertido en un adolescente sorprendentemente grande, tanto que su presencia se impone allá donde va. Supongo que el trabajo duro, el tener que reconstruir la civilización desde cero les ha hecho a todos mucho más responsables de lo que ninguno de nosotros hubiera podido serlo jamás.

Por un extraño momento añoro aquellos comienzos, cuando sólo estaba yo, un adulto enmedio del apocalipsis, llevando de la mano a un pequeño grupo de lo que sería el futuro de la humanidad. Añoro esos momentos en los que la humanidad sólo era un lienzo en blanco donde yo sólo tenía que dibujar las pautas.

Para crear un golpe de efecto y liberar su furia, agarra el tintero que hay sobre la mesa y lo estampa en el suelo, manchándonos a los dos de azul.

-Nos mentiste, nos mentiste acerca de todo. No puedo creer que lo hicieras, eras nuestro guía, velabas por nosotros.  ¡Nos mentiste y no te importó! ¡Nos impusiste tus creencias! ¡Teníamos derecho a saber!

Nos dijiste que existía un dios, que él velaría de todos nosotros, que sólo teníamos que seguir sus instrucciones… Nos dijiste que no había nada más allá de la muerte. Nos dijiste que esto es todo lo que había, nos dijiste que…

-Tenía que tomar una decisión sobre vuestro futuro…

-No tenías derecho a ocultarnos algo tan importante. Si no hubiera encontrado esa librería, si no hubiera encontrado esos libros explicando la verdad…

-¡La vida era un caos antes del incidente! ¡Tenía que simplificaros la vida si queríamos sobrevivir!

-Pues elegiste mal. Y ahora nos toca elegir a nosotros. Estás desterrado.

Desterrado. Asiento con la cabeza y eso le desconcierta. Quizás lo que más le desconcierta es que esa palabra, ese concepto, el destierro, no es algo que yo les haya enseñado. Y sin embargo lo acepto sin réplica. Supongo que no esperaba que estuviera esperando este momento.

Supongo que en el fondo no importaba. Cualquiera de mis decisiones hubiera sido errónea. Puede que nunca lleguen a entenderlo, pero hice lo mejor para ellos. Sonrío y le tiendo la mano. La estrecha, como indeciso. Luego da media vuelta y sale de la habitación para reunirse con los demás.

Lo harán bien. Tienen que hacerlo bien. Son los últimos supervivientes de la raza humana. Más les vale hacerlo bien.

2010
07.20

Serpientes

Parecía una pequeña serpiente cubierta de sangre, malherida y medio hundida en el charco. Los chicos empezaron acercándose lentamente con curiosidad, para verla más de cerca. La serpiente a duras penas les devolvía la mirada, como cansada y triste, casi pidiendo ayuda. Los niños la miraron durante unos minutos, en silencio.

De pronto, el más gamberro agarró una piedra y se la lanzó a la cabeza. No acertó y cayó torpemente a un lado, salpicándolo todo de barro. Pero aquello rompió el silencioso ritual que les rodeaba, y el resto de críos empezó a acosar al débil reptil, empujándolo con todo tipo de herramientas que improvisaron a su alrededor.

Con el tiempo se fueron envalentonando. Cuando la serpiente les desafiaba tímidamente sacando la lengua, ellos gritaban y saltaban con mayor fervor, sintiendo por primera vez en su aún corta vida el poder del hombre frente a la bestia. Bajo palos y piedras, la serpiente se revolvía en su charco, como buscando una salida que no iba a encontrar.

De pronto, de un salto, la serpiente se expandió en todo su esplendor, golpeando a dos de los muchachos, que cayeron al suelo paralizados, como aterrorizados. Sus amigos se acercaron para intentar ayudarles a levantarse y fueron esos pocos instantes los que necesitó la serpiente para terminar de esparcir su veneno entre el resto.

Luego, poco a poco, con tranquilidad, fue devorándolos lentamente. Los ojos aterrorizados de los chavales la veían moverse sin poder hacer nada. En menos de dos horas, no quedaba nada de ellos.