Recuerdo que mi profesor de literatura del instituto nos contó una vez que la soledad sería algo que nos acompañaría toda la vida. Cada persona es un universo, y ni cien vidas podrían darte tiempo para explorar completamente a esa persona. ¿Quién podría curar entonces tu soledad? Cuando dos amantes se abrazan fuertemente, cuando hasta sus cuerpos están impidiendo que se unan, incluso ese momento, es sólo una ilusión. En verdad sigues estando a años luz de esa persona.
Podíamos tener amigos, nos dijo, podíamos tener amantes, pareja, pero nunca podríamos llegar realmente a dejar de estar solos. Hollywood nos presentaría el momento cumbre en una relación de pareja como el instante en el que ambos alcanzan el orgasmo. Falso, nos negaba con una sonrisa, incluso cuando estás en un momento tan íntimo, lo único que ocupa tu cabeza en ese momento es tu propio placer. Es una terrible realidad, nos corroboraba, algo que probablemente ahora no me creáis, pero que ya comprobaréis.
Por aquel entonces yo era una adolescente romántica con muchas ilusiones y simplemente creía que era un hombre que no había tenido suerte en su vida. Pero conforme van pasando los años me voy dando cuenta de toda la verdad que encerraban sus palabras. Tenía que haber cogido apuntes en clase, nunca se sabe qué espera detrás de la esquina.