Jueves, 30 de septiembre del 2004
Soñando sueños
Hoy he vuelto a soñar con el mismo parque de siempre. Nunca lo he visto en la realidad, pero en sueños vuelvo una y otra vez, de niña, para pasear por él. Los árboles estaban tan amarillos como siempre y las hojas crujían al pasar. Los toboganes, viejos y gastados, estaban donde siempre. Fríos, casi amenazadores. No se escucha ningún pájaro, el silencio lo invade todo. Pero esta vez no fue como las otras veces. Esta vez no estaba sola.
Había un niño sentado en el columpio que otras veces balanceaba el viento. Tenía la mirada perdida, como pensativo. Su cara, aunque completamente desconocida, me recordaba algo. Al principio la timidez me vencía y no quería molestarlo. Pero luego me fui acercando lentamente. Creí que estaba sordo hasta que me miró. No me miraba a mi, miraba las hojas que movía con el pie. Tardé un poco en darme cuenta que no podía verme. Que al igual que yo siempre había creído que el columpio lo movía el viento, él creía que las hojas se mecían bajo la brisa.
Quise abrazarle y preguntarle quién era, por qué estaba en mi sueño. Cómo había entrado en un lugar tan sagrado. Sin permiso. Sin avisar. Pero desperté frustrada. Porque por mucho que yo le viera, él jamás me vería a mi.
Continua leyendo " Soñando sueños"
Lunes, 27 de septiembre del 2004
Creo que me enamoré
Continua leyendo " Creo que me enamoré"
Domingo, 26 de septiembre del 2004
...
-¿Qué haces aquí otra vez?
-No lo entiendo... Yo no quería volver aquí.
-Ya veo.
-¿El qué?
-El por qué estás aquí otra vez.
-¿Y por qué es?
-Porque fuiste por el mismo sitio.
-No, no es cierto. Cogí otro camino...
-Que iba al fin y al cabo en la misma dirección.
-Pero esa es la dirección que yo quiero llegar. Fui en línea recta.
-No apliques la lógica aquí. Donde estamos, el camino más corto entre dos puntos jamás es la línea recta.
-¿Cómo sé entonces hacia donde tengo que ir?
-La suerte es la única que puede ayudarte.
-La suerte no existe.
-¿Ves? Por eso estás aquí otra vez.
-¿Y entonces qué hago? ¿Quedarme aquí quieta hasta que la suerte venga a por mi?
-Si te quedas quieta la suerte no podrá guiarte.
-O sea, pretendes que vuelva a ponerme en camino, una vez más, por otro sitio, a ver si llego. Pasar por todas las penalidades del camino otra vez a ver si por casualidad consigo no volver aquí.
-Bueno, es tu decisión.
-Debería quedarme aquí y abandonarlo todo.
-Sigue siendo tu decisión. Pero si me permites un consejo: es un error.
-¿Por qué? No tendré que volver a pasar por todo eso para nada.
-Este no es el lugar de los vivos. Los vivos viven y aquí no se puede vivir. Aquí sólo se refugian para coger fuerzas y seguir caminando.
-Pues el destino quiere que yo viva aquí. O si no ya habría llegado a otro sitio.
-¿Ahora crees en el destino, cabezota?
-Ya no creo en nada.
-Entonces... no pierdes nada por volverte a poner en camino. Si nada tienes, nada puedes perder.
-No sé cómo, pero siempre me terminas convenciendo. ¿Izquierda o derecha?
-La decisión es tuya.
Continua leyendo " ..."
Jueves, 23 de septiembre del 2004
Carta
Sé que no reconocerás mi letra. Es normal, nunca has leído ninguna carta mia. Pero espero que por eso no la hayas tirado directamente a la basura sin abrirla. Es lo único que quedará mio a partir de ahora en este mundo. Y me gustaría que lo guardaras tú.
Sé que no sabrás quién soy. Que te extrañará recibir esta carta. Y que pensarás que estoy loca, que soy una paranoica, incluso es posible que te asustes. Tranquilo, eres la última persona en este mundo al que le haría daño. Pero por favor, intenta comprenderme, intenta ponerte en mi situación.
Imagina despertarte una mañana en un lugar desconocido. Y cuando llegas a tu casa, descubrir que tu llave no entra en la cerradura, y que en ella habitan unos completos desconocidos. Imagina que, enmedio de la sorpresa, decides preguntar a algún vecino y no te reconoce. Vas a la tienda de abajo y dicen que jamás te han visto. Intentas llamar a tu familia y los números están equivocados. Imagina que de pronto, toda tu vida ha desaparecido. Nadie sabe quién eres, no hay rastro tuyo. No eres nadie.
Cuando te percatas de la situación intentas cambiar de estrategia. Vas llamando a tus amigos, uno a uno, intentando explicarles lo que te pasa. Todos te cuelgan el teléfono. Intentas buscarlos en persona, y todos te rehúyen. Nadie te cree y nadie quiere ayudarte. Te buscas en las páginas amarillas, en internet, en la guía telefónica. Ni rastro de tí o de los tuyos. Simplemente, no existes.
La poca documentación que llevabas encima no te sirve de nada porque la Policía cree que es falsa. Nadie te va a dar un trabajo. Nadie te va a alquilar una casa. No puedes intentar rehacer una vida nueva ni aunque quisieras. Porque nadie está dispuesto a creerte. Lógico por otra parte, es algo increíble. Yo misma no lo hubiera creído.
Y, por último, acudo a ti. No voy a pedirte que me entiendas. Tampoco voy a pedirte que me ayudes. No soy tan ilusa como para esperar que vayas a acordarte de mi. Pero me gustaría que guardaras contigo esta carta, único recuerdo mio que quedará aquí. Para cuando la recibas yo ya no estaré en este mundo. Quizás, al otro lado, alguien me reconozca y me ponga en mi sitio. O quizás me convierta en alma en pena. Pero tengo que intentarlo.
Lo único que me gustaría es que supieras que, en algún momento, en alguna parte, fuimos felices. Que no estabas tan solo como sé que estás ahora, porque yo estaba allí. Que pasamos muchas tardes juntos, observando el atardecer, y que creíamos que podríamos comernos el mundo. Me gustaría que recordaras por los dos que una vez estuvimos juntos y que la vida no era más que un dulce sueño del que no queríamos despertar. Me gustaría que supieras lo importante que fuiste para mi.
Que te vaya bonito, pues. Es lo único que deseo ahora mismo.
Continua leyendo " Carta"


