Dije que no volvería a poner hechos concretos de mi vida aquí por si alguien pasaba y comprendía más de lo que había que comprender. Me juré a mí misma que todo serían metáforas y que hablaría en tercera persona. Que no me arriesgaría a escribir un comentario que pudiera ser malinterpretado.
Pero ahora que el dolor de cabeza comienza a hacer su aparición y se despeja el sueño de mis sentidos, siento que tengo que escribir. Anoche también estuve en la Feria. Sí, durante toda esta semana es Feria, pero fue anoche cuando me ocurrió lo que no debía haber ocurrido. No culpo a nadie, porque nadie tuvo la culpa. ¿Será que todo está dentro de mi cabeza?
Los borrachos nunca mienten, decían. Pero yo estaba borracha y mentí. Mentí como una bellaca. Mentí porque no tenía otra opción. Mentí porque quizás ni yo misma sabía cuál era la verdad. Quizás al mentir dije la verdad.
El móvil no engaña. Sé a quién llamé anoche. Sé quién me llamó. Sé qué mensajes escribí y cuáles recibí. Y sé que no fui yo la que sostenía el móvil. Pero también sé que no luché por evitar que sucediera.
Cierto, no podía caer más bajo porque ya estaba tocando fondo. No podía arruinar aún más mi vida. Me había arrastrado por intentar salvar algo que ya estaba muerto. Y por volver a visitar su tumba volví a arrastrarme. Cubierta de fango, cansada y sin saber lo que hacía, terminé de degollar el cadáver que nunca debió existir. Supongo... supongo que esto es el fin. No tenía que haber vuelto a aparecer por mi vida... y ambos lo sabíamos. No, no puedo odiarlo. Fue un estúpido error... que volvería a cometer una y otra vez. Si pudiera.
Lo más curioso de todo es que, a pesar de todo, nadie sospecha siquiera todo lo que hay aquí dentro ahora. Nadie conoce a la bestia que lucha y se revuelve dentro de mi, intentando salir, ahogándome.
"María, es una tontería..."
"Claro que sí. Es una tontería. Por mi parte no hay problema, es él el que no da señales de vida..."
¡MENTIRA! Mentirás, mentirás una y otra vez. Pero tampoco importa, ¿cierto? Porque esto ya está muerto, fin, terminado. Aunque dentro de mi, la bestia sigue agitándose, se niega a dormir, se niega a desaparecer, sigue oprimiendo mi estómago cuando sus ojos me miran, sigue susurrándome al oido todo lo que una vez escuché murmurar de sus labios, sigue haciéndome revivir una y otra vez todos y cada uno de los instantes que pasé a su lado...
Ya no le quiero, es cierto, pero tal vez le quiero. Es tan corto el amor y es tan largo el olvido... Porque en las noches como esta le tuve entre mis brazos... mi alma no se contenta con haberlo perdido... De otra, será de otra, como antes de mis besos. Su voz, su cuerpo claro, sus ojos... sus ojos infinitos...