2010
05.29

A través de cinco vinos diferentes y siete platos exquisitos, los jóvenes conversaron de banalidades y otras cosas sin importancia. Ambas cortes se esforzaron mucho en que el encuentro estuviera rodeado de un halo de misterio y romanticismo para que el ambiente fuera mágico.

Finalmente, tras probar el postre, él la miró a los ojos y suspiró:

-Lo siento, -dijo apesadumbrado- no debí hacerte perder el tiempo. No soy el príncipe que estás buscando. Tengo una terrible fobia a los reptiles, no sería capaz de atravesar el dragón para poder rescatarte.

Vine aquí sólo para que mis padres me dejasen en paz. Ellos creen que el conocerte antes me hará superar mis miedos. Eres encantadora y estoy seguro de que habrá muchos príncipes y nobles dispuestos a romperse el cráneo por ti. Pero yo no soy tan valiente.

Soy un príncipe poco corriente, lo sé. Me he pasado años preparándome para gobernar de la mejor forma posible. Reviso los presupuestos anuales hasta el último dígito para comprobar que no se nos escapa nada. Me preocupo de las necesidades de mis sudbitos, dedico muchas horas al día en escuchar sus necesidades. Procuro rodearme de todo tipo de consejeros y siempre intento ser lo más imparcial en mis decisiones.

Pero al final, resulta que nada de esto es importante. Que si no soy capaz de cabalgar durante días por valles y montañas para matar a un pobre dragón, no soy un príncipe adecuado para el puesto.

Si te sirve como compensación, estáis invitados, tú y tu futuro marido, a venir a mi reino tantas veces como queráis. Seréis tratados con todo el respeto y la atención que os merecéis.

Él se levantó de su asiento, pero ella le cogió de la mano y le obligó a volver a sentarse:

-No tienes que pedir disculpas. Yo tampoco estoy de acuerdo con lo que me han impuesto vivir.

Estoy harta de estos corsés que me impiden respirar. Estoy harta de recibir a las mujeres de mandatarios extranjeros y tener que distraerlas y sacarles conversación aunque no tengamos nada en común. Estoy harta de acudir a importantes reuniones de Estado y tener que sonreír y asentir a todas y cada una de las barbaridades que van soltando los que se consideran expertos, sin poder rebatirles. Estoy harta de ser una sombra transparente que sólo es importante en cuestiones de bailes y festejos.

No quiero un príncipe que pueda matar dragones pero luego no sea capaz de gobernar decentemente. No quiero estar con un príncipe que no me escuche, que me mantenga encerrada en mi ala del castillo sin poder salir. No quiero un príncipe incapaz de mirarme a la cara y ser sincero.

Sólo busco alguien con quien poder hablar. ¿Es tan difícil entender que, aunque princesa, también tengo mis inquietudes? ¿Por qué nadie respeta mi derecho a saber leer, a dar mi opinión? ¿Por qué sólo puedo ser un objeto decorativo?

Él se volvió a sentar lentamente y besó aquella mano que todavía le agarraba con fuerza, como si temiera que fuera a irse. Ambos se miraron a los ojos y sonrieron por primera vez. Ningún dragón les impediría continuar con sus vidas, de la forma en la que ellos eligieran.

2010
05.21

-Supongo que ya no me esperabas.

Con una mueca, tuerce el gesto y le mira firmemente.

-Esperaba que todo hubiera sido un mal sueño. Esperaba que lo hubieras olvidado.

-Un trato es un trato.

Traga saliva y sigue hablando con dificultad.

-Pero era un trato injusto.

-No lo viste así cuando nos encontramos la primera vez. En aquel momento te pareció una buena idea.

-En aquel momento estaba al borde del precipicio.

-Y hubieras saltado. Le dí un sentido a tu vida. Te pareció razonable. Te pareció justo entonces.

-No sabía en lo que me metía.

-Eso también te lo dije entonces. Y no te pareció mal.

Le mira casi con compasión. Casi.

-Tú lo supiste desde el principio. Sabías que llegaría este momento.

-Sí.

-¿Y no hay nada que pueda hacer ahora?

Ahora la compasión sí que asoma en una tierna sonrisa.

-No. Vendiste tu alma. Ahora tu alma me pertenece. Y no hay nada que puedas darme a cambio para recuperarla. Con el tiempo comprenderás que este trato era mucho más equilibrado de lo que te parece ahora. Sólo estás en el peor momento.

-Mi vida ya no me pertenece…

-No digas estupideces, claro que te pertenece. Sólo añadí algunas reglas al juego. ¿Y la cantidad de personas a las que has hecho y harás felices? ¿No piensas en ellos?

-Pero me seguirán partiendo el corazón, una y otra vez.

-Eso sí que te lo advertí. Te advertí que no debías encariñarte con los sujetos. Sólo debías arreglarlos.

-Eso es cruel.

Por un momento la criatura duda, como si no estuviera seguro de lo que decir. Finalmente se decide y de un gesto inesperado, le abraza.

-Te confesaré algo: al final del camino obtendrás la recompensa. Pero hasta entonces tendrás que conformarte con esto.

Se aparta bruscamente y, antes de desaparecer, susurra algo más:

-Yo siempre te acompañaré. Nunca lo olvides.

2010
05.07

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Podría. Pero paso.

2010
05.02

El tiempo no perdona y cada vez son más los momentos que se van perdiendo en la línea temporal.

Frío, inalterable, inútil y perdido como las lágrimas en la lluvia de un ser sin alma pero con corazón.

Lo importante es mirar siempre hacia delante, porque mirar atrás duele. No duele porque sea triste, duele porque quedó atrás, en esa dimensión inalcanzable llamada pasado. Y se congela así, de esa forma, inalterable para siempre.

Si quieres dejar una huella bonita, cuida el presente, porque será lo que veas en un futuro al mirar atrás.

2010
03.21

Oráculo

Sencillamente no sabéis usar un Oráculo. No, no me mires con esa cara, voy a ayudarte pero primero vas a escuchar lo que tengo que decir. No sé por qué tenéis esa maldita costumbre de acudir a mí cuando habéis perdido ya toda esperanza.

http://www.flickr.com/photos/varmazis/385123632/

Imagina que quieres ayudar a un hombre que está en un casino perdiendo todo su dinero. Si acude a ti cuando empieza a perder el dinero pero aún le quedan monedas, podrás aconsejarle que apueste en una u otra mesa, haciendo que vuelva su buena racha. Pero si acude a ti cuando ya ha perdido todo, no podrás aconsejarle que apueste en una u otra mesa, porque ya no le quedará nada por apostar. Tendrá que esperar un milagro, una moneda perdida en el suelo o un generoso jugador que le dé una oportunidad.

Ni siquiera crees en mí, acudes porque piensas que no te queda otra alternativa. Y tienes razón, no tienes ninguna otra alternativa. Pero yo no hago milagros, sólo veo parte del futuro. Puedo aconsejarte cual es tu mejor opción, pero para eso tienes que acudir a mi con opciones. No puedes venir con las manos ya vacías. No puedo fabricar una solución con aire.

Nunca me escucháis hasta que ya es demasiado tarde. Pues sí, es demasiado tarde. Bien podrías haberte ahorrado el camino hasta aquí, pues no puedo ayudarte si no hay remedio. Sólo soy consejero, visionario, no mago.

Siempre esperáis que os ayude en los peores momentos, de donde no hay forma de salir, y luego diréis que no sirvo para nada porque no pude sacaros del agujero. Pero eso no es cierto. Soy útil, si acudís a mi como penúltima opción. Sin embargo nunca me dejáis demostrarlo. ¡Me frustráis con vuestros problemas! Problemas, la mayoría, que vosotros mismos os habéis creado. ¡¡Y pretendéis culparme a mí en última instancia!! No os merecéis ni que os abra la puerta.