2004
09.20

Se buscan musos

Parece que los musos se fueron de juerga y aún no han vuelto. Es lo que tienen las vacaciones. Una se despista, les da tiempo libre, y cuando los necesita ya no están ahi. Mi mascota invisible me ha dicho que probablemente sea porque yo misma me bloqueo y no dejo que mi imaginación vaya libre por donde quiera. Pero no creo que tenga razón. Creo que es que los musos son así de caprichosos. Ya me lo comentaba el otro día un amigo al que también se le fueron de juerga las musas. Simplemente son seres etéreos que no sienten las ataduras.

De todas formas, no puedo quejarme. Siempre que se han ido han vuelto. Ellos también tienen su corazoncito y querrán disfrutar de su existencia fantasmal. Así que tendré que acostumbrarme a que ahora ya no están aquí conmigo.

Otro amigo me recomendó que buscara nuevos musos. Que así los antiguos se pondrían celosos y volverían. Y que si de todas maneras no volvían, por lo menos tendría a los nuevos para consolarme. Pero me parece muy feo eso. Ellos nunca han inspirado a nadie que no fuera yo. No voy a dejar que otros musos me inspiren. Además, nunca es lo mismo unos musos comprados que quién sabe de dónde vienen, que los propios.

Una tercera opinión de un tercer amigo comentaba que quizás estuvieran inspirándome en la soledad. Pero cuando le dije que no me inspiraba nada en absoluto cambió de opinión y me dijo que entonces quizás es que se sintiesen abandonados. ¿Abandonados por qué? le pregunté. Ah, no sé, me dijo, tú sabrás si los dejaste de lado por otro. Y eso me hizo pensar, porque realmente no sé si la culpable de que se fueran soy yo. Quizás las vacaciones las tomaron como un despido improcedente. Y se sintieron dolidos. O quizás es que estén de baja por depresión. No lo sé. El caso es que no están por aquí.

Es duro no tener musos. Porque a veces caen buenas ideas en la cabeza, pero como no hay inspiración, no hay quien las plasme en palabras. Y eso frustra bastante, porque la idea no se va así como así. Al contrario, queda dando vueltas en la cabeza. Y luego llega otra. Y otra. Y rebotan unas con otras. Cada vez tienen menos espacio y van luchando por salir. Pero como no hay inspiración, no pueden salir. Nunca había notado tanto la falta de musos como ahora.

Otro amigo me dijo que es que quizás ahora fuera feliz. Y mis musos estaban acostumbrados a inspirarme desde el dolor. Y por eso, estaban desconcertados, sin saber qué hacer. Que quizás estuvieran reciclándose en un cursillo acelerado para poder volver renovados. Mi mascota invisible enseguida empezó a ronronear con la idea.

En fin. Que si alguien los encuentra, por favor, háganles saber que aquí se les echa de menos.

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