2005
06.13

Me despido

Aprovechando este post de despedida hasta el fin de los examenes (principios de julio o así), voy a dedicar un puñado de palabras a una persona sin la que, sospecho, nunca hubiera escrito nada aquí.

Recuerdo cuando hace ya unos pocos de años (no tantos, pero si algunos) llegué a mi primera clase de literatura del instituto. El profesor que debía darnos clase había muerto el año anterior, así que nos tocó un profesor nuevo, recién llegado de Nueva York. Directamente dejó de lado todo lo que sería la Lengua propiamente dicha (y nuestro profesor de segundo le dedicaría muchas bonitas palabras por eso porque pensaba que no podríamos llegar bien a selectividad) y se volcó en los libros de lectura obligatoria que teníamos ese año. Sólo nos dio un año, pero fue un año intenso.

Ese año fue el primero en el que empecé a saltarme clases en serio, pero sus clases fueron las únicas que no me saltaba jamás. Podían ser a primera hora de la mañana, pero allí estaba yo, para empaparme de todo lo que decía. Sencillamente, estaba loco. Me encantaba la manera que tenía de ver la vida. Tan pesimista y tan de vuelta de todo, pero siempre con esa pequeña esperanza para seguir luchando.

De él aprendimos que los finales felices no existían. Que Blancanieves una tarde llegó de una fiesta en casa de los siete enanitos un poco más temprano para descubrir que su madrastra era íntima del príncipe azul. Que Romeo y Julieta no hubieran durado ni dos meses de casados. Que si los cuentos terminaban con perdices era para no tener que contar las indigestiones de después. Que la vida, en fin, no era con mucho, tan bonita como nos la habían pintado siempre. Que en esto, como en todo, estábamos irremediablemente solos.

No sé si se acordará de mi. Supongo que no, que si acaso recordará vagamente a las tres niñas que siempre se sentaban al final de su clase para hablar en voz baja y soltar risitas misteriosas. A lo mejor quizás recuerda a una alumna que tenía una forma un poco extraña de expresarse (todavía recuerdo la extrañeza que tuvo al leer en un examen mio la palabra desvirgo). Pero a mi me redescubrió el mundo de la lectura y los libros, que ya estaba un poco oxidado en mi memoria.

Y cuál no habrá sido mi sorpresa al poner por aburrimiento su nombre en google y descubrir que ese anónimo profesor mio de literatura, tan modesto y tan simpático, en realidad lleva publicados una larga colección de libros, que lo reclaman para dar conferencias, que es un picatoste, vaya. No me equivocaba cuando pensé que había tenido unas clases de literatura de lujo :) Parecerá una tontería, pero sé que si no lo hubiera conocido, mucho de lo que hay aquí escrito jamás hubiera salido a la luz. Levantó mi ya medio dormida vena literaria.

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