2010
03.06

El principio de todo

El hombre estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. El joven se paró a observarle.
-¿Qué haces?
El hombre abrió los ojos y le miró atentamente.
-Medito.
El joven continuó mirando al maestro, que volvió a cerrar los ojos.
-¿Podrías guiarme en el camino hacia la verdad?
-No sé cuál es el camino, pero si quieres, puedes acompañarme en la búsqueda.
Y el aprendiz se sentó junto al maestro, intentando imitar su postura, y cerró los ojos esperando la respuesta.

2010
02.20

Luz y Oscuridad

Antes de su existencia no había nada, ni siquiera el tiempo. De pronto, una pequeña luz apareció flotando en el vacío, y fue creciendo hasta volverse una esfera incandescente. Una eternidad después, tomaron forma.

Ella (si es que puede considerarse de este género) absorbió toda la luz que había, conviertiéndose en una llama cegadora y ardiente. Toda ella era energía y vida.

Él (si es que puede considerarse de este género) absorbió toda la oscuridad que había, volviéndose frío y apagado.

Ambos notaron enseguida su dependencia el uno del otro. Ella necesitaba que alguien la calmara y apagara su fogosidad, quitándole el exceso de energía y luz que desprendía. Él necesitaba que alguien le diera calor, que equilibrara el frío y la oscuridad que sentía. Sabían que no podían ceder el uno en los brazos del otro, porque se consumirían mutuamente y volverían a la nada de la que salieron.

Para calmar su apetito, Ella creó la vida y el universo, mediante la luz y la energía de su ser. Él apagó esa hambre insaciable que tenía tomando luz y energía de ese mismo universo. Ella daba la vida. Él se alimentaba de la muerte.

Algún día llegará, en el que a Ella se le acabe la energía y Él por fin calme su sed. Y, con la última energía y la última oscuridad, se fundirán en un abrazo que acabará con todo lo que conocemos. Entonces el universo volverá a ser la nada que fue una vez. Pero hasta entonces, no seremos más que marionetas en un juego demasiado grande para nosotros. Un juego en el que ella va dejando pequeñas formas de vida para que él pueda tomarlas.

2010
01.26

Bailando en la frontera

Ven, acércate un poco más, deja que te cuente algo que nunca le he contado a nadie. Pero tendrás que guardarme el secreto, porque si llegaran a descubrirlo, tendría que dejar de fingir ser lo que no soy. Y no quiero, quiero ser libre, libre como lo soy ahora. Así que acércate y deja que te susurre al oído la gran verdad:

Estoy loca

Me gusta lo que soy y cómo lo soy. Pero sobre todo, me gusta cuando dejo mis pensamientos libres. Es como si mi cabeza hiciera *clic* y las ideas comenzaran a fluir sin control. Todo sucede a la vez, todo va más despacio. O quizás soy yo, que me muevo más rápido.

El mundo se ve completamente diferente.

Dicen que la genialidad se separa de la locura por una línea tan fina que es indistinguible. Yo no entiendo de eso. Lo que sé es que la locura es como un mar violento, que va conquistando poco a poco la playa. Si no haces nada por evitarlo, pronto no quedará playa sobre la que pasear. Pero no puedes ponerle puertas al mar.

Yo bailo con la locura sobre esa fina línea que me separa del precipicio. Sé que corro el riesgo de resbalar y caer y no saber cómo levantarme después. No puedo evitarlo. ¿Qué sería de mi vida sin estos momentos de absoluta libertad? Libertad de movimiento, de pensamiento. Ver el mundo desde los ojos inocentes de un niño.

Soy lo bastante cuerda como para saber cómo fingir lo que no soy. Como para mantener el control. Yo controlo. Pueden pasar meses y meses durante los cuales me comporto como una persona normal. Incluso yo misma llego a convencerme de que lo soy, que mis indiscreciones no son más que ilusiones que se llevó el viento. Me vuelvo vulgar y normal.

Pero cuando la locura viene, sugerente y pícara, no puedo evitar bailar un tango en su honor. Y nos deslizamos por la pista de baile, siguiendo unos pasos imposibles, bajo el son de violines de cristal. Y la locura me sonríe, porque sabe que es un juego de dos, que me tiene completamente a sus pies.

Es como si liberase una parte de mí y dejara el consciente en un pequeño rincón, vigilante. Viendo cómo se desarrolla la fiesta, esperando. Y cuando tocan las campanadas de Cenicienta, vuelve a tomar el control. Los ojos vuelven a enfocarse y el mundo deja de ser multicolor para adoptar esa tonalidad gris del día a día. Aún brillará su sonrisa en algún rincón, pero incluso eso se esfumará.

Sé que algún día, la carroza se convertirá en calabaza y no me dará tiempo a regresar. Daré un traspiés y caeré sin remedio al precipicio. Sé que un día la locura me tomará en sus brazos y no habrá vuelta atrás. Lo sé. Soy consciente de ello.

Pero no puedo evitarlo…

2009
12.31

El último adios

Esta es la última vez que voy a despedirme. Luego, ya no tendrá sentido volver a vernos.

Sé que no será fácil, y por eso prefiero hacerlo ahora, que todo cambia, que nada es todavía eterno. Si vamos a tener que separarnos, cuanto antes lo hagamos, antes podremos seguir adelante. Es imposible darme más felicidad de la que ya me diste, no tiene sentido alargarlo más.

Me llevo mis recuerdos y una maleta con cosas viejas. Así no tendrás que ir a buscarme con una caja de cartón llena de objetos inútiles. Todo lo que dejo es tuyo. Haz lo que quieras: tíralo o quémalo. Lo que mejor te siente. No volveré a por nada más.

Se que soy un cobarde y por eso te escribo esta carta. Cuando la encuentres, encima de la mesa (o quizás al lado de tus zapatillas), la abrirás sin entender muy bien por qué te dejé un sobre en vez de esperarte para comer. Al principio creerás que es una broma, pero poco a poco te darás cuenta de que voy en serio. Te sentarás, buscarás el teléfono y querrás llamarme. No te molestes, no tendré batería por muchos meses.

Con suerte, ni siquiera tendrás el impulso de llamarme porque ya habrás empezado tu nuevo camino.

Siento mucho que todo termine así, pero no encuentro ninguna forma de mejorarlo. Cualquier despedida sería demasiado triste. Esto es más fácil. Simplifica todo. Lo reduce a la sencillez del primer beso.

Saca mi foto de tu cartera. Busca un hombre que te quiera, que te cuide. Sé que lo encontrarás. No te faltarán oportunidades de ser feliz. Nunca te han faltado. Sé que esto es lo correcto, que el futuro será mucho más sencillo para ti así.

Quizás, algún día, cuando ya no sintamos nada al vernos, volvamos a encontrarnos en nuestro París.

2009
12.27

Finalizamos el año con una nueva entrada de “Si te gustó este blog…”, esta vez recomendando un libro: El Espejo en el Espejo, de Michael Ende. La descripción wikipédica no es muy aclarativa, pero era de esperar conociendo este libro. Quizás recordaréis a Michael Ende por otros libros como La Historia Interminable o Momo (fatalmente llevadas al cine).

Pero este libro no es como esos. Este libro es un delirio paranoico de su primera a su última página. Es como si hubiera perdido el norte y lo intentara recuperar a través de historias sin sentido extrañamente enlazadas. Todas tienen algo que ver con otra historia del libro, a veces de forma casi incomprensible, cerrando un magnífico círculo con la frase final (si al terminar el libro no entiendes por qué, vuelve a leer el principio). Historias la mayoría angustiosas y agobiantes, otras veces simplemente absurdas. Nunca me canso de darle vueltas. Podría escribir horas y horas analizando y discutiendo sobre su fondo, pero creo que es mejor que consigáis el libro y lo descubráis vosotros mismos. No, no es igual que el resto de su obra, es un caso aparte.